Ellos Hablan libro de Lydia Cacho

A partir de entrevistas de Lydia Cacho se cuentan testimonios de hombres, la relación con su padres, el machismo y la violencia.

En el marco de la Feria del Libro Yucatán 2019, la periodista Lydia Cacho presentó su más reciente libro «Ellos Hablan» basado en entrevistas hechas a hombre de distintas condiciones sociales, geográficas y económicas.

El el video habla de todo los detalles para la realización del mismo

«El machismo es la idealización de la violencia como medio, como fin, como instrumento educativo coercitivo; es una trampa que normaliza lo inaceptable.»

Con estas palabras Lydia Cacho define el punto de partida de este libro imprescindible. #EllosHablan son testimonios de diversos hombres que hablan de su infancia y ponen en evidencia la violencia que vivieron en su entorno. Ellos nos dejan ver cómo en el ambiente hogareño y hostil, los niños normalizan aquello que más tarde detonará en relaciones verticales, violentas y discriminatorias que avalan un sistema de impunidad y paternalismo salvaje. Lydia Cacho va a contracorriente de nuevo; acompaña a los hombres a mirarse al espejo en busca de un diálogo abierto para entender los orígenes de la violencia. La autora nos invita a pensar desde otro lugar para desmenuzar esto que llamamos #el hombre normal#. Una investigación que busca replantear el liderazgo masculino; cuestionar la sumisión ante la violencia a fin de que niños y jóvenes tengan nuevos asideros para construir su identidad sin atavismos. «El machismo es como una prisión bajo tierra. Un lugar rabioso, sobrepoblado y solitario a la vez. En ese sitio, todo se trata de romper a otros o que te rompan. Y uno descubre que está allá abajo un día, que está desde niño. Y entonces, a veces, uno decide escalar, rasparse, golpearse, arañarse y alejarse todo lo posible. Porque si hay una mejor vida que esa, seguro que está en otro lado.» Antonio Ortuño, escritor

Portada del Libro Ellos Hablan de Lydia Cacho

Testimonios

Desde niño nos dijeron que ser hombre era ser como mi padre y mis tíos, todos militares. Supe lo que significaba ser hombre de verdad la primera vez que vi a mi padre golpear a mi madre por desobedecerlo. Era algo muy trivial, yo siempre estaba pegado a sus faldas y a él le enojaba eso. Decía que me iba a convertir en un ser débil, femenino.

"Un día golpeó tanto a mi madre
que la ambulancia se la llevó.
Dos días después, el 9 de julio
de 1971, nos dijeron que mamá
estaba muerta."

Que había fallecido de un infarto. Yo sabía que eso era mentira, pero todos en la familia decidieron ocultar la verdad para no manchar el nombre o la reputación de mi padre, que tenía una carrera importante en el Ejército mexicano.

Mi peor pesadilla durante casi toda mi juventud se repetía idéntica, como un corte de película. Mi padre golpeaba a mi madre, yo sostenía una gallina en la mano, por el cuello, sin percatarme de que la estaba ahorcando; llegaba corriendo frente a ellos, mi padre pateaba a mamá, que yacía en el piso. Cuando me acercaba a ella, era yo quien recibía una patada en la cabeza. Sólo veía la bota de papá, que parecía el pie de un gigante que a su vez se transformaba en un tanque militar. Entonces mi madre desaparecía y yo me que- daba allí en su lugar, recostado en posición fetal sobre un charco de sangre abrazando a una gallina muerta.

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